Pocas cosas marcan tanto como las sonrisas, las carcajadas y risas que comparten con nosotros. Hoy el final de la misa ha sido una fiesta con baile y todo lo que hiciera falta, pero justo al lado…la capilla derruida por el pobre adobe con el que la pudieron construir.

Es un gran contraste que choca por dentro y aun con todo encuentra pronto la respuesta…no necesitan piedras para celebrar la fe…a la sombra de un árbol con una sencilla mesa…unos bancos y todo el entusiasmo y la cercanía con los extranjeros que hoy los visitan.

Hoy incluso había que escuchar a dos traductores…una cosa curiosa y muy necesaria para que la homilía y el compartir final sea participado entre todos. No deja de sorprenderme que pese a no entender lo que dicen hasta que lo traducen al francés y entiendo menos de la mitad la templanza y la fuerza con la que se expresan que me hacen recordar al pasaje de Jesús enseñaba en la sinagoga mientras todos se preguntaban de dónde sacaba la autoridad.

Al terminar la misa, quisieron enseñarnos el colegio que han puesto en marcha entre todos pagando a una maestra para los 40 niños que han comenzado las clases…es la primera vez que rompo a llorar ante la situación que nos encontramos…un auténtico chamizo de ramas y hojas que simplemente los cubre del sol…dentro el espacio se queda algo pequeño, apenas unos cuadernos, una pizarra….sin embargo, pronto una niña se me acerca, me da palmas y me ofrece un abrazo…esa fue mi gran enseñanza. Espero que esos pequeños sigan creciendo en sabiduría para sacar adelante sus sueños y alcanzar sus metas.