Cuando uno comienza a planear un viaje y se esmera en el puzzle de la maleta siempre termina renunciando a esas cosas que realmente no se necesitan…sin falta de que sean caprichos porque a veces son hasta inútiles.

La maleta de este viaje me ha servido para intentar que desde lo poco que traigo poder irme con mucho más de lo que verdaderamente importa.

No puedo hablar su idioma pero me esmero en intentar entenderlos o ser cercano con gestos y sonrisas…ese lenguaje que no falla.

Las miradas sin duda es en lo que más me fijo, expresan tanto con tan poco…así que sigo mirando para seguir aprendiendo.